EL AGUA FUENTE DE VIDA ... O DE MUERTE
El agua es la esencia misma de la vida. El bien más preciado de la humanidad, mucho más valioso que el oro o el petróleo. Nuestro organismo esta compuesto en un 70% de agua y diariamente eliminamos un promedio de tres litros a través de las diferentes funciones tanto de los riñones, los intestinos, la respiración y la piel. Es por eso que para recuperar nuestro balance hídrico, debemos tomar un promedio de seis a ocho vasos de agua por día.
Varios mecanismos actúan juntos para mantener este equilibrio. Uno de ellos, es la sed. Cuando el organismo necesita más agua, determinados centros nerviosos en el cerebro provocan la sensación de sed. Se nos reseca la boca y la saliva se nos pone pastosa. Esa es una señal de que nos estamos deshidratando.
Existen huelgas de hambre, pero ninguna de sed ya que apenas en las primeras 48 horas no quedarían huelguistas. Nadie sobrevive a la falta de agua ya que este vital elemento es indispensable para transportar los azucares y las grasas del organismo, pero también transporta las hormonas, las enzimas, los anticuerpos, las vitaminas y sobre todo el potasio, el sodio, el magnesio y el calcio que son los “cuatro jinetes” del buen funcionamiento metabólico. Sin agua, el organismo se paraliza. Así de simple y trágico es.
Es por eso que el agua es vida... si es pura. De lo contrario, el agua contaminada con bacterias, químicos, metales y otros elementos extraños nos puede causar la muerte. Es indispensable saber que tipo de agua es la que tomamos para no arriesgar nuestra salud. Muchas veces, tomamos el agua por que la vemos cristalina. Sin embargo, si se le hacen pruebas en laboratorio encontramos en ella muchos contaminantes que la infectan y que la hacen peligrosa.
El agua cubre el 74% de la tierra, pero solamente un 3% es apta para el consumo humano. En la inauguración de la V Conferencia Internacional sobre Hidrología, el Secretario General de la Organización Meteorológica Mundial, Godwin Obasi, dio a conocer que al menos 29 países sufren en estos momentos de escasez de agua entre moderada y grave y que para el año 2025 casi el 20% de la población mundial vivirá en naciones con este problema. En la cita se pidió un fuerte apoyo político y público para proteger los recursos del agua dulce en nuestro planeta.
El Perú, nuestro país, no es ajeno a este problema. La Empresa que abastece del vital elemento en la capital de la república ha dicho que el 84% de la población capitalina cuenta con abastecimiento de agua potable. Sin embargo, este abastecimiento es restringido por horas, especialmente en las zonas marginales. Este problema de la falta de abastecimiento también lo sufren las poblaciones del interior del país.
Nuestras aguas, especialmente la de los ríos, han sido inundadas con contaminantes, tales como pesticidas, herbicidas, relaves mineros, basura, escapes de químicos y hasta desperdicios tóxicos que han eliminado toda clase de vida ictiológica y que, sin embargo, son las que nos abastecen día a día de tan vital elemento.
El río Rimac, que aplaca la sed de la gran capital, continua enfermo. La basura, los desagües con sus residuos fecales y los relaves mineros inoculan sus virus, bacterias coliformes y metales peligrosos por lo que la municipalidad metropolitana, en su Plan Maestro Centro de Lima, ha declarado en emergencia sanitaria y ambiental el tramo entre La Atarjea y el Callao. Esta norma dejará que el Rimac, siga sirviendo de gran cloaca de los distritos capitalinos.
Una buena y ejemplar medida. Pero una medida a futuro. ¿Qué tenemos que hacer ahora para no correr riesgos? Es la pregunta del millón de dólares. Según las autoridades, las aguas del Rimac, que soportan una alta descarga de residuos fecales, presentan altas concentraciones de coliformes sobre todo en la época de menor caudal donde alcanzan hasta 100,000 nmp/100 ml de coliformes fecales. Tengamos en cuenta que el límite permitido en el caso de uso potable para consumo (hierviéndola), es de 10,000.
Para poder desinfectar estas grandes dosis de coliformes fecales, SEDAPAL debe efectuar una etapa de precloración, en la cual aplica no menos de cuatro toneladas de cloro al agua, lo cual genera un tratamiento adicional de potabilización. Según técnicos de esa empresa, no todas las plantas de tratamiento en el mundo requieren incorporar esta etapa de precloración, pero que en el caso de Lima se hace necesario por la grave contaminación de las aguas del río hablador. El uso de estas grandes cantidades de cloro en el tratamiento de las aguas reduce casi al mínimo la presencia de estos coliformes en el agua que llega a nuestros hogares.
Por otro lado, la misma SEDAPAL viene ejecutando trabajos de limpieza en las tuberías por donde discurre el agua potable hacia nuestros hogares. Muchas de estas tuberías datan de 1855 cuando se creó la Empresa de Agua Potable de Lima. La mayor parte de estas redes son de fierro.
Esta situación crea otro problema. Científicos escoceses advierten que el cieno acumulado en las tuberías de agua podría ser el caldo de cultivo de la bacteria que causa las úlceras estomacales y el cáncer a las vías digestivas. Se trata de la bacteria helicobacter pylori, la segunda mayor causa de muerte en todo el mundo tras el cáncer de pulmón. Esta aseveración también la han comprobado científicos peruanos de la Universidad Cayetano Heredia en análisis realizados con el agua potable de la capital.
Para poder contrarrestar sus efectos, se tiene que usar el cloro para que el agua que discurre por estas tuberías pueda eliminar o disminuir la presencia de esta bacteria y evitar posibles epidemias.
Pero, ¿estas grandes concentraciones de cloro en el agua no nos hacen daño? ¿No nos encontramos entre los peligros de ser contagiados por epidemias causadas por las bacterias o de sufrir algún tipo de enfermedad por la ingesta de agua con exceso de químicos tales como el cloro?
Recordemos que Europa sufría a fines del siglo 19 los estragos de graves epidemias transmitidas por el agua, hasta que a comienzos del siglo 20 en Austria se descubre que el cloro era la solución, por lo que se comenzó a usar en la potabilización y desinfección del agua.
Estas enfermedades, como el cólera y la tifoidea, prácticamente desaparecieron cuando se fue generalizando la “cloración” del agua para consumo humano. Pero, paradójicamente, según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, se fueron incrementando otras enfermedades tales con el cáncer a las vías digestivas y los males cardiacos, relacionándolas con el uso de cloro en el agua.
En el Perú, recién se comenzó a usar el cloro en 1917, cuando se inauguró la primera planta de cloración en Lima.
La Oficina de Normas Técnicas del Ministerio de Salud publicó en 1971 una norma, que es material de consulta en el Programa de Ingeniería Sanitaria, de la UNI, donde hace una serie de recomendaciones y precauciones en el uso de sustancias cloradas, especialmente en el tratamiento de agua para consumo humano. En ella se dice que el cloro gaseoso produce irritación extrema en la piel, los ojos y las membranas mucosas. ¿Quién no ha sufrido estos problemas cuando se baña muy a menudo en piscinas? Además, produce problemas respiratorios agudos que pueden devenir en bronconeumonía y edema pulmonar. Esto para prevenir a las personas que manipulan o trabajan con este químico
También hace mención a intoxicaciones por el cloro. Si es por vía digestiva, señala que esta se produce por error o por intento de suicidio y sus síntomas son diarreas, vómito o inflamación de las mucosas del estómago.
Ahora bien; si uno tiene que tomar 10 vasos de agua por día ( de 7 onzas cada uno en promedio de la ingesta total) y con las excesivas cantidades de cloro en el agua ¿no nos estamos arriesgando?, ¿no es sintomático el alto índice de cáncer a las vías digestivas, especialmente al cólon, registrados en los últimos años en el país?, ¿cuántas personas padecen de gastritis o de alguna afección al estómago?
Entonces, ¿cuál es la solución? Muchas personas han recurrido a la compra de agua purificada embotellada.
¿Qué es el agua purificada? Es la misma agua de la red pública que previamente ha sido declorada mediante sistemas de filtración y purificación.
Es decir, SEDAPAL clora el agua para desinfectarla, potabilizarla y luego a través de equipos purificadores las compañías embotelladoras eliminan el cloro, la embotella, le agregan preservantes y la comercializan.
Una solución que sólo esta al alcance de la población de mayores recursos económicos. Según las mismas compañías embotelladoras, en el Perú el consumo per cápita de este tipo de agua es de sólo 2 litros anuales, frente a los 20 que se consumen en Chile, 70 en Venezuela y 110 en el Japón. En América, sólo Haití tiene un consumo menor que el nuestro. Este bajo consumo obedece a dos factores fundamentales: su alto costo y por el desconocimiento de la población sobre los problemas y condiciones del agua que toman.
Pero aquí se produce otro detalle. Las personas que pueden tener acceso a estos botellones, usan esa agua sólo para tomar. Pero ¿con qué agua lavan los alimentos y cocinan? Se ha demostrado que las carnes, las frutas, los vegetales absorben el cloro del agua cuando son lavados y así los comemos.
¿Y los que no pueden comprar agua en botellones? Pues tiene que recurrir a hervir el agua. ¿Pero, esto es solución? ¿Sabían que cuando se hierve el agua, el vapor es el agua pura que se evapora, que se desperdicia? Aparte que el calor calcina las salas y minerales necesarios para el organismo, y es por ello el sarro que se forma en el depósito donde generalmente hervimos el agua.
FOVIDA, una Organización no Gubernamental, ONG, distribuye entre la población de menores recursos económicos una cartilla de divulgación donde señala que hervir el agua consiste simplemente en ponerla a cocinar entre 1 a 5 minutos y que si se pone por más tiempo, el agua puede perder su valor en sales y minerales aparte que se gasta combustible innecesariamente. Además, agrega que no se obtiene agua segura debido a que al enfriarse puede infectarse inclusive en el mismo recipiente. Y que se gasta mucho dinero para tan poco agua y en mucho tiempo.
Si todos estos problemas se presentan en el “agua potable”, se imaginan el riesgo que corre casi un tercio de la población nacional que no tiene acceso a estos servicios y que se ven obligados a captar aguas superficiales, generalmente de acequias, ríos, riachuelos o de camiones cisternas.
La comercialización de agua en cisternas es mucho más peligrosa aún por cuanto el agua es de dudosa procedencia, de pozos clandestinos en su mayoría que no cuenta con ningún control sanitario. Aparte de que las cisternas, por lo vetustas que son, están completamente oxidadas contaminando aún más el agua.
Pero, por necesidad, estos humildes pobladores tienen que comprar ese tipo de agua a sabiendas o no que están poniendo en riesgo la salud de toda la familia. Tienen la esperanza que hirviéndola se están protegiendo.
En otras palabras, los sectores de menores recursos económicos compran el agua más contaminada y más cara del país, debido a que no cuentan con conexiones domiciliarias.
Como hemos podido ver, el tema del agua es un problema muy complejo y que quizás por su complejidad no ha sido tratado en su verdadera magnitud. Diariamente, vemos noticias en los diarios sobre casos de intoxicaciones, niños que sufren de problemas estomacales, niños afectados con plomo, poblaciones marginales con graves problemas a causa del agua en mal estado, pero no se hace nada. Al día siguiente, se olvida la noticia hasta que nuevamente nos enteramos de un nuevo caso en el mismo o en otro lugar del país.
Entonces, y considerando la dimensión de la problemática del agua mencionada anteriormente, podemos discenir que el agua potable para el consumo humano no es fuente de vida... sino de enfermedades graves muchas de ella de necesidad mortal, donde lo mas altamante es a traves de los hogares, y los centro educativos (colegios, universidades, academias, etc.