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Benzopireno
al asador
Durante la cocción de la
parrillada ocurre un fenómeno poco conocido; las gotas de grasa
desprendidas de la carne y/o embutidos, en contacto con el
carbón y altas temperaturas forman Benzopireno, un hidrocarburo
que forma parte del humo del tabaco y que tiene propiedades
cancerigenas. Una tira de carne con toda su grasa y bien asada
equivale a treinta paquetes de cigarrillos.
Los extractos de nitrógeno encontrados en los músculos de animal
son parcialmente responsables del sabor de la carne. Mediante el
cocinado y las masticación, las carnes liberan el nitrógeno el
cual tiende a estimular el apetito y actúa en el tracto
digestivo.
Las personas que trabajan en empresas de producción de carne lo
saben y advierten que los animales no deben ser sacrificados
cuando están muy nerviosos, tienen mucho calor o estén
fatigados. Su muerte dicen, debe llegar cuando estén tranquilos
y descansados. Sin embargo la excitación que tiene el animal al
ser sacrificado hace que sus propias segregaciones lo envenenen
afectando el gusto y la calidad de su carne.
¿Existe un control real?
Los cuerpos de las reces se mantienen colgados entre 10 y 14
días y a bajas temperaturas sus cuerpos se van ablandando
gracias a las encimas y bacterias que destruyen los tejidos
fibrosos diferenciándose de la carroña, únicamente, porque
reciben un control de calidad.
La cantidad de carne que se vende y distribuye en los países
occidentales es enorme y la población se come además la
evidencias antes de que se haya podido detectas sus
alteraciones.
Consideremos la complejidad de un matadero moderno en el que se
matan decenas de miles de pollos en un día. Las aves son
inspeccionadas antes y después de la matanza. Los servicios
americanos de control de mataderos aseguran que tres segundos
son tiempo suficiente para que un inspector, utilizando tan solo
la vista el tacto y el olfato, detecte cualquier tipo de
enfermedad que suelen presentar los pollos y sólo analizan
microscópicamente muestras de care cuando detectan algo
sospechoso.
Pero aún los inspectores más honestos se han visto forzados a
hedar pasar algunos pollo sospechosos, lo cual no permite tener
un control sobre la cantidad de pollos que llegan en mal estado
al consumidor y que pueden transmitirle al menos veintiséis
enfermedades.
La situación en los mataderos de ganado es bastante similar. los
inspectores realizan en examen para detectar en lo posible la
mas de treinta enfermedades que presenta las reses pero nadie
garantiza qué las carnes enfermas no lleguen al consumidor.
Todos sabemos quitarle un trozo podrido de un plátano o de una
manzana, pero con la carne no es tan fácil.
Incluso los animales que sufren cáncer reciben el mismo trato.
Sus partes cancerigenas se desechan mientras el resto que
presumiblemente no lo es, se lleva al mercado.
Cancerigenos y antibióticos
Los animales son tratados con antibióticos y hormonas que
causaran reacciones alérgicas y problemas digestivos diversos.
La mitad de los antibióticos producidos en Estados Unidos va a
parar a animales que luego son consumidos por seres humanos. Con
ellos los animales queda libres de algunas enfermedades y gana
peso con mayor rapidez.
El encargado de la granja administra a las reses, altas dosis de
antibióticos y hormonas tales como tetraciclina, penicilina,
progesterona, testosterona entre otras, que permanecen como
residuos en la carne ya que no consideran las consecuencias
altamente negativas que trae la dosificación indiscriminada de
antibióticos. Ellos deberían considera que los antibióticos se
utilizan con cuidado para tratar enfermedades especificas,
tienen resultados espectaculares.
El consumidor que come carne con regularidad ingiere residuos y
antibióticos susceptibles de provocar reacciones alérgicas y
problemas estomacales. Las hormonas sintéticas han revolucionado
la alimentación en las granjas avícolas, pues permiten producir
pollos de mayor peso en menos tiempo y con menos tiempo. |